Ni izquierdas ni derechas: La crisis del PSOE es la crisis del régimen español

Todo el mundo está hablando de lo mismo pero no en lo mismo términos. No hay otro tema de conversación y, seguramente, no lo va a haber en los próximos días: la crisis del PSOE. Entre tanto barullo de editoriales inquisitoriales de El País, sorprendentes noticias de La Razón o entre todo el ruido de las redes sociales, parece que estamos perdiendo de vista lo fundamental en la crisis del PSOE, es decir, en la lucha ya abierta y descarnada entre Pedro Sánchez y Susana Díaz (y Felipe González).

psoeLo fundamental de la crisis del PSOE y su consiguiente división no es otra que la no menos abierta crisis del régimen postfranquista español de 1978 y cómo resolverla, independientemente de nombres o de personajes. Los bandos enfrentados tienen diferencias eminentemente tácticas –o tacticistas y electoralistas- sobre cómo resolver esa crisis sin que el PSOE salga dañado o castigado electoralmente. Pedro Sánchez apuesta por cerrar la crisis del régimen postfranquista apostando por la disputa del “cambio” a las llamadas fuerzas emergentes, fundamentalmente a Podemos, reconduciéndolas definitivamente y desactivándolas, aunque a importantes sectores de Podemos no les haga falta que nadie los reconduzca o los desactive porque ya se bastan ellos solos para hacerlo; para esa disputa, Pedro Sánchez, ante todo y sobre todo, necesita distanciarse de lo más “rancio” del régimen, el PP, ofreciendo una alternativa de gobierno.

Por su parte, Susana Díaz, la larga sombra proyectada de Felipe González, apuesta por cerrar la crisis del régimen de una manera conservadora –no en su sentido ideológico, que quede claro, sino táctico- apuntalando al régimen postfranquista tal y como está. De ahí que en lo concreto Susana Díaz vea conveniente –aunque no se haya pronunciado públicamente tal cual-  permitir el gobierno del PP, justificándose en razones de gobernabilidad y de Estado, y pasar rápidamente, una vez haya gobierno del PP, a una oposición feroz al mismo con la que legitimarse de nuevo como opción electoral y eliminar del imaginario colectivo eso del “PSOE, PP la misma mierda es”.

En realidad, no podemos entender este panorama si no tenemos en cuenta que el PSOE, independientemente de tácticas y de bandos, es un “partido orgánico” de la oligarquía española y funcional a ésta. El PSOE ha sido en estos años fundamental, mucho más que el PP o antes AP, para la recomposición del régimen español y, sobre todo, para su legitimación ante los sectores de la población que tradicionalmente estaban excluidos, especialmente  la clase obrera y las naciones oprimidas. El PSOE vertebró al Estado español postfranquista,  de ahí que, como hemos insistido ya en muchas ocasiones, el PSOE sea tanto el “partido-régimen” como el “partido-país” en Andalucía. El Estado español postfranquista ni se podía –ni hoy se puede- vertebrar sin Andalucía, y sin someterla a un régimen de marginación, dependencia y subalternidad; un régimen de opresión nacional.

Por tanto, no podemos acogernos a la teoría de un enfrentamiento de un “ala de izquierdas” enfrentando a un “ala de derechas”. Esa argumentación no se sostiene si tenemos en cuenta los siguientes factores:

  1. No existe un enfrentamiento ideológico, ni siquiera de contenidos ni de programa político. Ambos sectores comparten los mismos postulados de capitalismo neoliberal de “rostro humano”.
  2. No existen diferencias en una cuestión fundamental: el modelo territorial de Estado español. Ambos bandos rechazan el derecho a la autodeterminación.
  3. Hoy, pasados dos años, nos olvidamos de algo: que Pedro Sánchez fue apoyado férreamente en las primarias a la Secretaría General del PSOE por quienes han dimitido del Comité Federal, empezando por Susana Díaz.  El que junto a Sánchez fuera designada nada más y nada menos que Micaela Navarro –peso más que pesado del PSOE andaluz- como Presidenta del PSOE dejaba muy claro quiénes eran los apoyos de Sánchez. Que al poco tiempo, Pedro  Sánchez empezara a pensar por si mismo y, sobre todo, a tener sus propias ambiciones personales frustrando con ello las de Susana Díaz, era un hecho que no podíamos prever hace dos años y que se ha ido materializando en este tiempo.
  4. Finalmente, entre los dimisionarios del Comité Federal nos encontramos a presidentes de comunidades autónomas investidos por Podemos, como García Page, de Castilla La Mancha o Fernández Vara, de Extremadura. No sólo eso, sino que entre los dimisionarios nos encontramos con el presidente valenciano Ximo Puig, que gobierna junto a Compromís y fue investido por Podemos;  como sabemos, el gobierno de la Comunidad Valenciana ha sido puesto de ejemplo por destacados dirigentes de Podemos, como el propio Pablo Iglesias, apostándose en no pocas ocasiones por un gobierno español “a la valenciana” como se solía decir.

Y no, no valen absurdas comparaciones entre Pedro Sánchez y Jeremy Corbyn. Corbyn es un “outsider” que se ha nutrido de un movimiento de base dentro de las filas laboristas; no es cuestión ahora analizar si Corbyn tiene o no una postura más o menos radical o rupturista con el “establishment”, pero su llegada a la dirección del Partido Laborista británico no tiene nada que ver con la trayectoria de Pedro Sánchez.

Por supuesto, un clásico de situaciones de crisis interna  de “partidos orgánicos” de izquierdas es el llamamiento a las bases. Las bases solo son llamadas y movilizadas para salvar a tal o cual líder en un momento difícil, mientras tanto, son sumidas en la pasividad más absoluta.  Es normal que muchos militantes de base del PSOE con un mínimo de vergüenza y de honradez se lancen instintivamente a apoyar a Sánchez, pero quien espere de ese movimiento un “giro a la izquierda” simplemente fantasea. Insistimos, estamos ente un problema táctico que se ha encrespado, todo movimiento de las bases y todo llamamiento a ellas tiene finalidades tácticas dentro de ese marco, nada más.

Estamos en una crisis de régimen, la propia crisis interna del PSOE es consecuencia de ella, pero a su vez, puede llegar a agudizar aún más la propia crisis del régimen español postfranquista. Al principio, decíamos que la causa de esta guerra abierta en el PSOE se fundamentaba en las diferencias sobre cómo cerrar esa crisis del régimen. Ni que decir tiene que ambos bandos enfrentados proponen un cierre en falso de la crisis de la misma.

Es en momentos de crisis cuando aparecen fantasmas del pasado, personajes oscuros manejando hilos, aparecen; aunque Felipe González no es que se cuide y se mantenga en la oscuridad precisamente. Felipe es un vampiro al que no le asusta la luz; se expone públicamente, tanto que sin querer –o queriendo, no se sabe- llega a admitir que a pesar de todo lo que “hicimos” en el País Vasco, nunca el PSOE había tenido tan malos resultados. Felipe en estado puro, no le importa ya ni desvelar la X de los GAL públicamente. No le importa que le dé la luz manejando hilos, quitando y poniendo peones al gusto de la gran oligarquía española.

Lástima que en estos momentos de crisis no dispongamos de una herramienta política andaluza, obrera y popular, soberana y soberanista, pero quizá estas turbulencias nos ayuden a crearla.

Antonio Torres “Antón” para A Jierro 24 Horas

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